El Perro Paco fue protagonista de la alegre vida madrileña de finales del siglo XIX y símbolo de una bohemia culta, refinada y libérrima. Este can prodigioso, que blasonaba de su condición de perro callejero, fue amigo de artistas y literatos y tuvo una existencia que reflejaba fielmente su inquietud y sibaritismo.
Paco era bañado diariamente por los mangueros municipales y aparecía en los estrenos de los teatros, especialmente si actuaba Julián Gayarre, el gran tenor español, en el Real, de quien era devoto. Alternaba el Café de Fornos, Lhardy, el Café Suizo y las mejores mesas de la época y gustaba de los desfiles y procesiones, además de ser testigo numerosas veces del relevo de la guardia real.
No obstante, sus dos grandes pasiones fueron las carreras de caballos y los toros. Tenía asiento fijo en el Tendido 9, aunque a veces fue visto en el 8, del extinto coso de la Avenida de Felipe II. Esta última afición le costó la vida.
Paco vivió como un rey y murió como un héroe. Como buen madrileño, nunca renunció a la libertad, pese a las múltiples ofertas que tuvo para dejar de ser un perro callejero.
– Epílogo de Manuel Marqués Martín
Paco era bañado diariamente por los mangueros municipales y aparecía en los estrenos de los teatros, especialmente si actuaba Julián Gayarre, el gran tenor español, en el Real, de quien era devoto. Alternaba el Café de Fornos, Lhardy, el Café Suizo y las mejores mesas de la época y gustaba de los desfiles y procesiones, además de ser testigo numerosas veces del relevo de la guardia real.
No obstante, sus dos grandes pasiones fueron las carreras de caballos y los toros. Tenía asiento fijo en el Tendido 9, aunque a veces fue visto en el 8, del extinto coso de la Avenida de Felipe II. Esta última afición le costó la vida.
Paco vivió como un rey y murió como un héroe. Como buen madrileño, nunca renunció a la libertad, pese a las múltiples ofertas que tuvo para dejar de ser un perro callejero.
– Epílogo de Manuel Marqués Martín

